La fuerza de nuestra gente
LA REGIÓN QUE SOÑAMOS. José Miguel Castro, diputado.
"Antofagasta ha sido cuna y hogar de destacados científicos que, aprovechando las particularidades de nuestro entorno, han realizado aportes significativos en diversas disciplinas, desde la microbiología hasta la ecología y la astronomía". José Miguel Castro Diputado
La región de Antofagasta, con su vasto desierto y riqueza mineral, ha sido históricamente un pilar fundamental en el desarrollo económico de Chile. Sin embargo, más allá de sus recursos naturales, el verdadero tesoro de esta tierra reside en su gente: hombres y mujeres que, con su talento y esfuerzo, han forjado una identidad única y contribuido significativamente al progreso de la nación y de nuestra hermosa región.
Al alzar la mirada, el cielo despejado del desierto de Atacama revela una ventana al universo. Estas condiciones excepcionales han convertido a nuestra región en un epicentro mundial de la astronomía, donde observatorios de renombre internacional se han establecido para explorar los misterios del cosmos.
Nuestros líderes han dejado una huella imborrable. Figuras como el escritor Hernán Rivera Letelier, cuyos relatos capturan la esencia del norte chileno, el cineasta y autor Alejandro Jodorowsky, nacido en Tocopilla y en el área del deporte, el futbolista Erick Pulgar, son sólo algunos ejemplos de la creatividad, talento y pasión de nuestra gente. Son tantos los que han aportado a esta tierra que sería imposible mencionarlos a todos.
Sin embargo, más allá de personalidades destacadas por todos conocidos, no podemos hablar de Antofagasta sin reconocer a sus mineros. Ellos encarnan la verdadera fuerza de la región: hombres y mujeres en su mayoría anónimos que trabajan en condiciones desafiantes para extraer las riquezas que sostienen a todo un país. La minería, a pesar de ser un motor económico, a veces parece más cercana a Santiago que a nuestra propia región, por lo que resulta imprescindible renovar un pacto de convivencia entre la industria y nuestras comunidades, asegurando que se nos considere y respete como actores esenciales en el desarrollo nacional.
En la línea de avances tecnológicos, la aplicación de tecnologías emergentes, como la Inteligencia Artificial (IA), en procesos productivos y de seguridad, está ganando terreno en nuestra región. La IA se utiliza para optimizar operaciones mineras, mejorar la eficiencia energética y fortalecer la seguridad ciudadana mediante sistemas de vigilancia inteligentes. Además, proyectos como el Corredor Bioceánico, que conectará el Atlántico con el Pacífico a través de Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, posicionarán a Antofagasta como un nodo logístico estratégico, abriendo nuevas oportunidades comerciales y de desarrollo para la región.
Las personas tendrán un gran rol en este proceso, y las autoridades deberemos demostrar que los recursos están bien administrados y ejecutados, porque la ciudadanía espera una respuesta eficiente. Sin embargo, nuestro papel no se limita a la gestión técnica: debemos también liderar estos proyectos con honestidad, transparencia y una visión clara de desarrollo. Solo así lograremos generar confianza en nuestras comunidades, creando un vínculo sólido entre quienes gobiernan y quienes depositan su confianza en nosotros.
Por ello, es imperativo que todos los actores de la sociedad-autoridades, empresas, instituciones educativas y ciudadanos-trabajemos juntos en la construcción de la región que soñamos. Si fuéramos capaces de lograr un pacto social que promueva la inclusión, la seguridad y el desarrollo sostenible podríamos enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades que se avecinan.
La región de Antofagasta ha demostrado una y otra vez su capacidad de resiliencia y adaptación. Nuestros recursos naturales son vastos, pero es el capital humano el que verdaderamente impulsa nuestro progreso. La creatividad, el talento y el compromiso de nuestra gente son la base sobre la cual construiremos un futuro próspero y equitativo.
Al mirar hacia el 2025, debemos hacerlo con esperanza y determinación, reconociendo nuestros logros y comprometiéndonos a seguir avanzando hacia una Antofagasta más próspera, segura y equitativa para todos. Tal como Hernán Rivera Letelier narra en su obra sobre un pueblo salitrero que enfrenta el cierre de su oficina minera, sus habitantes organizan un último partido de fútbol con la esperanza de salir victoriosos y llevarse un recuerdo imborrable. Así es el espíritu de quienes habitan la región de Antofagasta: cálidos, resilientes, trabajadores y llenos de esperanza. Sigamos adelante con determinación, construyendo juntos la región que soñamos.