"Si hubiéramos intervenido en prevención hace 15 ó 20 años, no estaríamos con el problema de inseguridad"
El director ejecutivo de Fundación Paz Ciudadana, Daniel Johnson estuvo en Antofagasta para participar en el Seminario "Convivencia escolar: Promoviendo el rol protector de nuestras escuelas", con el que se dio cierre al proyecto implementado durante dos años en doce establecimientos educacionales de Tocopilla, Calama y Antofagasta.
En entrevista con este Diario, Johnson junto con evaluar de manera positiva el programa Paz Educa implementado por la fundación y financiado por el Gobierno de Regional de Antofagasta, el cual benefició a cerca de 14 mil estudiantes en la región, abordó temáticas como la puesta en marcha del nuevo Ministerio de Seguridad Pública, el cual estará a cargo de la principal preocupación de la ciudadanía en Chile.
La seguridad se ha transformado en el eje de las campañas con miras a la elección presidencial, temática que también abordó Johnson.
¿Cómo ha sido el trabajo del programa Paz Educa?
-El programa tiene más de 15 años. Este es un programa que nace en Estados Unidos (...). Hemos estado en miles de colegios en Chile, colegios siempre públicos y con condiciones de vulnerabilidad importante, ¿Por qué nos metimos ahí? Porque nos dimos cuenta que convivir, la relación que uno tiene en el día a día no es al azar, se aprende. Y los colegios lo que mejor saben hacer es enseñar, pero no enseñan a convivir (...) la única herramienta que tenían los colegios para hacerse cargo de la convivencia eran los libros de anotaciones y en las anotaciones era siempre cuando el comportamiento era negativo. Si uno a un niño le castiga solo por lo negativo, pero nunca le dice qué es lo positivo, nunca va a aprender.
Entonces, este programa da vuelta a eso y lo que hace es primero, entender la convivencia como una asignatura más, como un aprendizaje, como algo que se enseña a los niños. Y segundo, hace que se definan cuáles son los comportamientos positivos y que se reconozcan esos comportamientos positivos.
¿Qué realidad han observado en los colegios con los que han trabajado en Antofagasta?
-Hay hartas complejidades. En Antofagasta, tenemos colegios que están siendo muy expuestos. Primero, porque tenemos condiciones naturales que está pasando todo Chile, por ejemplo, aspectos migratorios que hacen que la convivencia sea más difícil, naturalmente, no es por culpa del migrante o del no migrante. Es simplemente que poner a personas que tienen culturas diferentes a convivir, evidentemente genera conflictos mayores. Los apoderados están mucho más empoderados hoy día y de una manera diferente. Entonces, esa relación que existía antes de respeto de los apoderados hacia los profesores ha decaído y hoy día los apoderados exigen, no siempre de las mejores formas también ciertos comportamientos esperables de los colegios. Entonces, también se producen conflictos ya no solo dentro de las aulas, sino también dentro del entorno del establecimiento educacional. El desafío ha sido importante (...).
Ministerio
El 1 de abril entró en funcionamiento el Ministerio de Seguridad Pública en Chile, ¿en qué aspectos debe trabajar para dar respuesta a las necesidades que existen en este tema en el país?
-Nosotros como fundación siempre fuimos impulsores del Ministerio de Seguridad (...). El Ministerio del Interior tenía evidentemente en su cargo de jefatura y gabinete la responsabilidad de coordinar iniciativas de muchos otros ministerios y eso le impedía tener un equipo que técnicamente estuviera capacitado en materia de seguridad. Por otro lado, está muy metido en la coyuntura, entonces, desviaba permanentemente la atención hacia los problemas urgentes normalmente más relacionados al orden público que a la seguridad misma. Y con eso hemos postergado en Chile la implementación de programas preventivos de una manera brutal.
O sea, siempre hemos tenido un sentido de urgencia para la seguridad tan grande que ha impedido que políticas públicas que puedan tener impacto en el mediano y largo plazo parecieran justificables (…) Entonces, si hubiéramos intervenido en materias de prevención hace 15 ó 20 años atrás, no estaríamos con el problema de inseguridad que estamos hoy día. Nunca es tarde. De hecho esa mirada más de largo plazo, esa capacidad de implementar políticas de Estado, porque tienen capacidad técnica para hacerlo, esperamos que ayude mucho este nuevo Ministerio de Seguridad. Y por último, el ser una contraparte efectiva de las otras instituciones (…).
¿Cómo observa que la seguridad se haya transformado en la principal preocupación de la ciudadanía?
-Hoy día se da una paradoja porque en cantidad de delitos después de la pandemia tenemos números relativamente bajos. De hecho, la cantidad de robos o intentos de robos, que es lo que medimos en la fundación todos los años desde la pandemia bajaron y si bien han oscilando después de la pandemia, nunca han vuelto a tener los valores que tenían previo la pandemia. Tenemos menos familias afectadas por ese tipo de delito.
Pero cuando hacemos un doble click en eso y vemos delitos más dañinos como homicidios, robos con violencia e intimidación, extorsiones, sicariato, secuestro, etcétera. Hemos visto un aumento en algunos de ellos explosivos en esa tipologías delictuales. Y si bien sus magnitudes son todavía relativamente bajas si las comparamos con otros países de Latinoamérica, ese nivel de crecimiento que ha tenido y si lo proyectamos en el tiempo podría llevarnos a una situación muy mala en los próximos años y por tanto tenemos que hacernos cargo. Eso ha generado que el temor en la ciudadanía se haya disparado (...).
Estamos en un año electoral y el tema de seguridad es el eje de campaña de la mayoría de los candidatos. ¿Cómo observa esto?
-La seguridad es usada como una herramienta para promover políticas que parecieran ser efectivas y que pudiera ser un cambio. Y la verdad es que las políticas que se han implementado en los últimos años en gobiernos de distintos colores políticos no han sido efectivas. Por algo estamos en la situación de inseguridad que estamos hoy día.
Entonces, no tenemos que caer en facilismo, creer en cualquier promesa que se nos haga y tenemos que esperar que existan medidas que pudieran parecer lógicas y nosotros vamos a estar evaluando eso. Y eso pasa principalmente por lo que hablamos antes. No hay que descuidar la persecución, pero hay que hacerla más efectiva. Y para hacerlo responsablemente no tenemos que prometer más en cantidad, sino que tenemos que prometer mejor en calidad. Y eso pasa por la focalización de los recursos, por mejores herramientas, capacidades investigativas, por inteligencia policial, etcétera. Y dicho eso con respecto a la acción de control y persecución, tenemos que implementar programas también en prevención temprana y en reinserción social.